El regreso a clases

Con el inicio de cada año escolar, las familias suelen enfrentar –en ocasiones sin percibirlo incluso- un proceso de adaptación para retomar la rutina que implica desde volver a despertar temprano y alistarse, hasta transportarse y llegar a tiempo a clases.

Previo a ello, han tenido que llevar a cabo toda una serie de tareas preliminares como comprar uniformes nuevos, libros y demás útiles escolares, planificar las meriendas y el transporte. 

Con todo aquel trajín, es probable que pase desapercibido el aspecto emocional que implica iniciar el año lectivo.  Los niños, niñas y adolescentes pueden enfrentar en alguna medida trastornos de ansiedad que ocasionan sentimientos de angustia, miedo e intranquilidad, los cuales si no son atendidos, inciden en su rendimiento académico e incluso en la interacción con su entorno.

Ante este escenario, los padres y tutores desempeñan un papel protagónico, toda vez que con frecuencia estos trastornos son difíciles de reconocer, pues muchos de los que los padecen se avergüenzan o simplemente ignoran su propia condición y no comprenden o desconocen que la ansiedad y el temor que sienten, pueden y deben ser tratados.

Los consejeros recomiendan algunas acciones que los padres pueden llevar a cabo para reducir los sentimientos de ansiedad de los chicos y chicas ante el regreso a la escuela. 

Todo inicia con la observación.  Indicios como tensión, fatiga, pesimismo y temor pueden indicarle que hay ansiedad;  así como conductas compulsivas u obsesivas, son claras muestras que revelan trastornos de ansiedad.

La comunicación se convierte en la herramienta más efectiva para superar esta etapa.  Hay que conversar con los niños y niñas.  Permítales a ellos expresarse y no entable un monólogo.  Pídale que le cuente qué piensa de la escuela y qué fue lo que más le gustó del año anterior y lo que menos le agrado.  Escuche cuidadosamente sus respuestas y construyan colectivamente métodos para solucionar algún problema que hayan enfrentado, ya sea en el proceso de aprendizaje o de las relaciones con sus compañeros y educadores. 

También resulta útil estimular el deseo por el conocimiento, resaltando lo provechoso que significa  aprender, sin enfatizar en la evaluación numérica.  Mantenga presente que al colegio no se acude para recibir una nota o calificación, que si bien es la manera tradicional de evaluar si hubo o no aprendizaje, el objetivo primordial es la formación humana y desarrollo de competencias.

Cuando la ocasión lo permita, ayude a los chicos y chicas a reconocer aquellos aspectos positivos de su colegio tales como las instalaciones y demás facilidades y/o actividades que en ellas se pueden realizar, ya sean las facilidades deportivas, el club de teatro o debate, las excursiones, la banda de música y demás actividades extracurriculares que constituyen los valores agregados de la oferta escolar actual.

Otros aspectos que no deben descuidarse y contribuyen a disminuir la ansiedad son los buenos hábitos alimenticios, de sueño y la actividad física.

Los niños, niñas y adolescentes que duermen suficiente se sienten bien, se levantan a tiempo y tienen la energía suficiente para emprender la jornada completa de clases.  Tenga presente que a distintas edades los niños y adolescentes necesitan diferentes horas de sueño.  Consulte al médico cuantas horas de sueño necesita su niño cada noche.

 

Paralelamente, una dieta saludable y el ejercicio físico regular contribuyen a mejorar la atención y la concentración de los chicos y chicas.  Los alumnos obesos son más propensos a ser sujeto de bullying o acoso escolar, lo que agravaría significativamente un cuadro de ansiedad.

Finalmente, situaciones muy puntuales como el cambio de colegio o repitencia, son sin duda detonantes de sentimientos de ansiedad, dado que en el primer caso el enfrentarse a lo desconocido genera temor y en el segundo porque el no haber sido promovido de nivel crea un estigma (el alumno bruto), que incluso podría degenerar en un complejo.

Ante estas situaciones, primordialmente la segunda, la recomendación más idónea es contar con ayuda profesional, pues muy probablemente además de ansiedad pueden existir otros trastornos cuyo resultado es el bajo rendimiento académico.

En conclusión, los padres y madres hacen la diferencia para que los chicos y chicas tengan un retorno a clases feliz y que el año lectivo sea una experiencia gratificadora.  Es cuestión de amor, perseverancia y comunicación.

¡Feliz regreso a clases!

 

Por: Alejandra Arauz

 

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